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Restaurante Arcobaleno | La casa del Arcobaleno
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La casa del Arcobaleno

El Ojo de Piedra

hacer las casas como los pájaros
G.A.

Como piedras eternas, las ruinas de ciudades míticas como Paestum, Nínive, Corinto, Pompeya y Herculaneum son vestigio de una forma de embellecer pisos, paredes y columnas que se origina miles de años atrás cuando el primer arquitecto de la historia reunió pequeños fragmentos similares en forma y tamaño y los cohesionó. Construyendo con fragmentos una unidad única e independiente, la historia del Mosaico había comenzado.

Enriqueciendo las formas habitacionales con las que fuera vinculado, la técnica del Mosaico fue desde siempre utilizada para la decoración de la vida urbana e interior, dando registro permanente a la estética de un sin número de épocas. Como un Ojo de Piedra, también se destinó para la elaboración de retratos emblemáticos y la evocación de símbolos místicos. Así también, desde la antigüedad el Mosaico recursivamente se empleó para la ilustración de mitos y relatos que gracias a la durabilidad de esta técnica, siguen siendo narrados en nuestro tiempo. El Mosaico, es una técnica antiquísima que en su incesante recreación por medio de centenares de materiales factibles y su presencia en innombrables lugares y épocas, se convirtió en un concepto.

Para Gaudí este concepto fue el punto de partida que lo llevó a crear el Trencadís, una forma de Mosaico que utiliza cerámica defectuosa ó caduca en su elaboración. En busca de los materiales más propicios que estuviesen a su alcance, este arquitecto catalán encontró en el desecho del emergente mundo industrializado que lo rodeaba, su forma más reconocida de encontrar a la belleza. Acercando el Mosaico a la manera en que los pájaros hacen sus nidos, el creador del Trencadís como las aves, reunió pacientemente fragmentos residuales que de otra forma estarían destinados a la desaparición, ya por el curso de la vida incesante en el caso de las ramas y las hojas de los árboles, ya por el flujo continuo de materia que transita por la sociedad de consumo.

En contacto con esta inconmensurable historia, y acrecentando el carácter orgánico y efímero propio del hogar de un ave, la casa que alberga al Arcobaleno, el Ojo de Piedra, fue edificada con materiales extraídos de lugares inimaginables, explicables sólo a través de la mente surrealista de su creador. En el vuelo alegre y constante que duró toda su vida, el Maestro Arriaga reunió fragmentos, historias y tiempos que entretejió para crear un mundo habitacional único en el que vivió gran parte de su vida. Su casa, antes que ser una edificación rígida es un mosaico de fragmentos sensibles y emociones estéticas cohesionadas por la presencia de su cálido espíritu.

Originada como su taller de pintura, la primera expansión de la casa fue por supuesto para convertirse en nido de amor. Primero una torre de formas caprichosas se erigió para crear un altillo en donde pintar. Como personaje de cuento, el arquitecto y artista habitaba el verdadero encantamiento: “desde la calle, la gente se acercaba a mirar la casa y ver qué era lo que yo hacía” así conoció a grandes amigos. Con el tiempo el nido de amor paulatinamente se convirtió en casa de familia, extendiéndose de manera orgánica, tal cual como creció todo a su alrededor: “tengo en mi mundo un jardín, que crece gota a gota como el amor”. Firmada surrealistamente en el año 1382, la cita está escrita tras una de las pinturas más simbólicas del pintor, en la que retrató al jardín de la casa de su madre, la Finca Saratoga y en la que aparece al norte, tal cual como en la realidad, la casa del Arcobaleno.

Para el año 2005, el pintor y arquitecto aspiraba a completar la última expansión de la casa: la habitación de su hija. Este espacio, hoy lobby del restaurante, no se terminó en vida del Maestro y nunca fue usado para este fin. Siete años después, la casa inhabitada se convirtió en el mismo objeto poético efímero que resulta ser un nido sin pájaros. Posteriormente para garantizar su durabilidad, la casa fue sometida a una exhaustiva y delicada restauración que tomó más de un año, y en la que intervinieron diversos artistas y restauradores.

Hoy, el Ojo de Piedra constituye un excepcional patrimonio artístico y es un referente histórico invaluable para la región. Originado en ese valor, en el 2012 el Arcobaleno abre sus puertas para compartir su magia con usted. Experiméntela con sus sentidos.